Subterráneos del Castillo de Takeda. Phaion Eien Seimon.
Voy a morir. Tengo la horrible sensación de que mi vida se ha acortado de repente. Todo al leer la carta de Shou Jin Lao. Y eso que son solo dos palabras: "Ya hablaremos...". Pero esas dos palabras viniendo de Shou Jin Lao no pueden significar nada bueno, y menos, si tal y como dice el monje del templo, llevamos 10 días desaparecidos. Será mejor que empiece por el principio de esta locura...
Después de que venciésemos a quella cosa verde, nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente encontramos de casualidad aun extranjero. Nada más verle se lenotaba: cabello plateao, piel morena y ropajes extraños. Nos estuvo explicand que era Arqueólogo y que estaba buscando un objeto que estaba escondido en una cueva cercana al templo, pero que necesitaba protección por "lo que pudiese encontrarse". Nos ofrecía 20 Escudos de Oro por cabeza, y como no teníamos nada mejor que hacer hasta que pasasen un par de días, aceptamos todos. Esa fue nuestra perdición. El caso es que luego fue algo más largo de lo que pensábamos. Tuvimos que explorar una cueva llena de unas arañas asquerosas relativamenten grandes,pues la más pequeña que vimos me pasaba la rodilla. Fue algo que no olvidaré nunca, porque aparte emitían una especie de chillidos ensordecedores. Ryoma se las tuvo que ingeniar para conseguir algo de al lado de la Reina de las arañas, que era bastante más grande (a Ryoma le llevaba casi por los hombros). También tuvimosque mover a un señor muerto que tenía detrás escritos unos números en sangre en la pared. (19-4-34-9, los recuerdo perfectamente), que eran la contraseña para poder abrir una puerta cerrada que había al principio de la cueva. Entramos y allí había un pasillo que al rato de caminar se dividía en 2. Ryoma y Steffano tiraron por la izquierda y yo tiré con el extranjero por la derecha. Tuve que destrozar a golpes a un par de armaduras que se nos echaron encima nada más vernos, pero no fue difícil. Lo difícil vino después. Encontramos un espejo enorme con dos cerraduras a los lados, una roja y otra azul. Tras investigar un poco, a nuestra espalda había dos puertas con los mismos colores que las cerraduras. Ryoma y Steffano pasaron por la azul, y el extranjero y yo por la roja.
Dentro había una inscripción respecto a como conseguir la llave: Había que vencer a su guardián. El problema era que su guardián era un lagarto de casi 2 metros, con la piel roja y algunas zonas prendidas en fuego. Ni siquiera recuerdo como fue, pero en una de las maniobras perdí el equilibrio y "eso" aprovechó el flanco libre.
Siempre se ha dicho que cuando vas a morir ves pasar tu vida por delante de tus ojos, pero yo los cerré. Tenía miedo, mucho miedo, y no me atreví a mirar a la Muerte a los ojos. Tampoco pensé en mis padres, pero si en Rerea. Iba a morir e iba a dejar sola a mi hermanita. También pensé en la decepción de mi maestro, de mi "padre". Nunca había tenido esa presión en el pecho como cuando pensé en lo mucho que podía decepcionar a Shou Jin Lao. No quería. No me daba tiempo a encajar un golpe así.
Pero ese golpe no llegó. Kaze-san (la marioneta de Axel) había detenido el golpe con uno de sus brazos. No había conseguido levantarme del suelo cuando Axel mandaba a su marionera a ejecutar a "eso". Estaba demasiado mareada como para recordar la conversación con Axel, pero ésta es la segunda vez que me salva de una situación tan escabrosa. Estaba empezando a deberle a Axel demasiadas cosas importantes, y muchas cosas iba a tener que hacer por él para devolverle ese par de favores, aunque siempre iba a tener la sensación de que no iba a ser suficiente. Tras salir de esa habitación recuerdo que accionamos en el espejo, que resultó ser una puerta rarísima, porque cuando la toqué escribió todo lo que había ocurrido en mi vida. Absolutamente todo. El resto me es aun confuso. Recuerdo imágenes sueltas, aun no se me había quitado el aturdimiento del último combate. Recuerdo una biblioteca enorme, muchos libros catalogados de herejes por la Santa Inquisición. También hay una sala oscura, y una estatua de un hombre llamado Andromalius. Algo debió llamarme la atención en aquella biblioteca, pues hay 3 libros en mi bolsa, pero no recuerdo cuales exactamente. Solo recuerdo que uno de ellos tenía el nombre de un luchador famoso en Shivat. Lee Pai Long.
Tampoco tengo ganas de seguir contándolo. Tengo sueño, me duele la cabeza y aun estoy asustada. Solo quiero dormir y pensar que todo ha sido un sueño. No he decepcionado a Shou Jin Lao. No lo he hecho. Estoy viva.
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on martes, 17 de marzo de 2009
at 6:44
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