En el camino, Estigia.
Odio este tipo de viajes. Solo se traducen en andar, montar a caballo... Es cansado, a pesar de que no hagas nada. Ayer... al final encontré a alguien que me diese ese abrazo que tanta falta me hacía. Cuando íbamos a salir de la ciudad nos encontramos con Heruan, el hijo de Yahsid. Llevaba un macuto colgado del brazo, y había decidido venir con nosotros, todo porque “tenía ganas de ver mundo”. No tuvimos problema en ello, pero le envié una carta a Shou Jin Lao para informarle, que cuando íbamos a partir ayer, había desaparecido, como de costumbre. Prefiero mantenerle informado de todo lo que ocurra, esta vez no puedo fallar. Ya es una cuestión de orgullo, de confianza y de lealtad.
Bueno, antes de irme por las ramas. Estaba comentando quien me había dado ese abrazo. Analizando las posibilidades, Steffano no ha sido, porque si lo hiciese, su vida correría peligro ante mi intento de estrangulamiento. Gatsu y Cross quedan descartados, pues, aparte de que no les conozco, no pienso hacerlo, ni aunque mi vida dependa de ello. Kaiser es un buen chico, pero es ligeramente extraño, y no, tampoco es él. Quedan dos opciones, Ryoma y Heruan. Ryoma llevaba toda la mañana pensando en sus cosas, supongo que algo relacionado con su maestro, por lo que habló con Shou Jin Lao anoche. Vale que tengo confianza con él, pero no la suficiente como para interrumpirle sus pensamientos de forma tan descarada, y para algo tan ridículo como eso. Resultaría un poco extraño.
Así que la única opción que nos queda es Heruan. Y efectivamente ha sido él. Y no he tenido que decirle nada. No me imagino la cara de depresión que tengo, porque ha sido él mismo quien se ha acercado a hablar conmigo. Ha insistido un poco, pero no le he dicho nada. No tengo que meterle en mis problemas, pero la verdad es que agradezco lo que ha hecho. Solo han sido unas palabras, y aun así... No sé. “Esto siempre le viene bien a todo el mundo...”. No creo que me vaya a olvidar de eso. He sentido suavemente como sus brazos me rodeaban los hombros y como me pegaba a su pecho. Y por primera vez durante los últimos dos meses, he sentido paz. Como si de repente hubiese desaparecido todo lo de nuestro alrededor y solo estuviésemos él y yo. Escuchaba el latido de su corazón cerca de mis sienes mientras él acariciaba levemente mi espalda con la punta de los dedos. Y también recuerdo lo que dijo después. “No va a estar siempre lloviendo”. Admito que me ha sentado bastante bien, porque me hacía falta que me dijesen algo así.
Gracias por ayudarme, Heruan...
Por suerte estamos en una ciudad de paso, descansando. El día ha pasado lento y largo, pero tan sumamente monótono, que no merece la pena comentar nada...
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on martes, 17 de marzo de 2009
at 7:00
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Historia
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