20 de Agosto de 989

Posted by Melissa D'Aubigne in

Hibaun, Estigia.

Ya he visto todo lo que tendría que ver. Bueno, en realidad solo me quedaría ver un dragón. Aunque visto el panorama, cuando hace 2 meses pensaba que mi vida siempre sería tan aburrida y monótona, que haya visto una serpiente del desierto gigante... no debería sorprenderme, pero lo hace. Vuelvo a adelantarme a los acontecimientos, así que empezaré por el principio.

Hemos llegado a Hibaun en un tiempo record, tres horas y media, lo cual nos daba un margen de seis y media para entregarle la daga a Yahsid, que se evitase una guerra y que la devolviésemos a su lugar, sin que el Faraón se enfadase y descargase su ira contra nosotros.
De la prisa que hemos tenido, mucha gente hubiese comentado que parecía que tuviésemos alas, porque íbamos "volando". El tiempo apremiaba y no podíamos desperdiciarlo así como así. El más veloz de los mensajeros del Sultán ha sido el encargado de llegarse la daga. Hemos tenido que esperar todo lo pacientemente que hemos podido, en la posada, con los nervios a flor de piel y el tiempo cayendo sobre el resto ya transcurrido en el enorme reloj de arena. Y es que cuanta más prisa se tiene, el tiempo transcurre haciéndote sufrir con cada segundo que pasa.

Y de repente todas nuestras esperanzas para evitar una guerra se han deshecho como si de una estatua de arenilla se tratasen, ya que en menos de tres horas el mensajero había vuelto, pálido. La daga no les ha sido prueba suficiente del pacto, y mira que está claramente escrito en la hoja (o eso se supone, porque la verdad es que yo únicamente veo dibujos a los que no encuentro significado). Y eso era solo el principio. Como si ya fuesepoco, el pobre chiquillo nos traía una Carta de Desafío de parte del otro Sultán. Heruan nos ha empezado a explicar que ese tipo de desafíos es uno a uno. No he podido seguir escuchando su explicación, pues a los pocos segundos he escuchado un alarido agudo, de esos que se te meten en la cabeza y están un buen rato molestando. Íkaro. El halcón de mi maestro. He elevado la vista sobre nuestras cabezas, logrando distinguir al animal, recortando su silueta contra el cielo matutino. Mi espalda se ha tensado casi instintivamente al verle. Noticias de mi maestro. No sabía que podía haber escrito en el pequeño pergamino que adornaba la para de Íkaro, pero un escalofrío me ha recorrido toda la columna vertebral de un latigazo.

Y he corrido como si me persiguiese el mismísimo Demonio cuando he visto al halcón descender. Prácticamente he arramblado con todo lo que se ha cruzado en mi camino, independientemente de que fuesen personas o cosas. He notado el sudor frío bajar por mi espalda mientras he desenrollado asustada el pergamino. "¿En qué posada estás?". En ese momento podría Steffano dar todo el por culo que quisiese, que no me iba a molestar en contestarle o en maldecirle. Shou Jin Lao está cerca. MUY CERCA. Estoy aterrada, lo suficiente como para que mis sentidos se hayan nublado lo suficiente para no ver entrar a Ryoma. Temblando he contestado la pregunta de mi maestro, la he colocado en la pata de Íkaro y le he dejado salir por la ventana. Lo he seguido con la vista hasta que se ha perdido en la lejanía y no he podido averiguar hacia donde se dirigía. Y la ansiedad se ha apoderado de mí. No he dejado de mirar hacia todos lados, nerviosa,impaciente. En la calle cada vez había más barullo, lo que hacía crecer mi ansiedad. Pero he tenido que salir de mi ensimismamiento. Los pueblerinos corrían asustados hacia la puerta de la ciudad. De repente me he acordado del Duelo.

He corrido hacia la salida esquivando los cientos de cuerpos que allí se han agolpado. Me he sentido un poco frustrada. A unos metros de la puerta estaban el Sultán, Heruan, Cross, Gatsu, Kaiser, Steffano y Ryoma. Frente a ellos, un poco más lejos, el atacante. Desde donde mi vista ha alcanzado, más de doscientos hombres, armados con sables y piquetas, montando camellos. En unas pocas frases me han puesto al orden del día: el Sultán invasor ha pedido un combate individual, el mejor de cada combatiente y un segundo. Si el vencedor es "nuestro" luchador, la guerra se dentendrá, pero si ganan ellos, invadirán el pueblo inmediatamente.

Steffano se ha ofrecido a librar el combate, y justo después Ryoma se ha ofrecido como su segundo. No he podido hacer otra cosa más que desearles suerte, y admito que me he preocupado por ellos. Más por Ryoma que por Steffano, pero por ambos al fin y al cabo.

Steffano se ha adelantado unos pasos. El Sultán oponente ha sonreído al verle. Ha girado la cabeza en dirección a sus hombres mientras se han abierto para dejar salir al combatiente. Se me ha helado la sangre. Un hombre enorme, llevaba el torso desnudo y unos pantalones desgastados. Un yelmo cerrado sobresu cabeza nos impedía ver su rostro, pero ya de por si ha resultado imponente. De sus manos colgaba un hacha de combate, y como si fuese para quitarle hierro al asunto, sobre su hombro había sentado un niño. De unos 12 años de edad, rubio, con los ojos azule, mirada curiosa y una gran sonrisa. Pero quitando eso, meha recordado a Axel. De los dedos del chiquillo salían finos hilos de ki que conectaban con el hombre. Usa el mismo estilo de lucha de Axel, combate a distancia utilizando una marioneta. Pero la marioneta de Axel (Kazesan) es diferente de la de este niño. He advertido a Steffano, su enemigo no era el señor del hacha, sino el niño. Él ha puesto cara de pena y se ha quejado, pero es que sino lo hacía Steffano iba a pelear en desventaja.

He sufrido viendo ese combate. Por Steffano. Porque desde el principio tenia la sensacón de que algo iba mal. Odio ese tipo de presentimientos, porque siempre presajian algo malo que acaba por cumplirse.En este caso, Steffano ha pedido el combate, y ha acabado gravementeherido. Aun sigo sin creerme que hayamos conseguido salvarle. Ha sido un milago. Quizás Mikael haya otogado su luz a Steffano, porque sino fuese así sería imposible. No debo adelantarme a los acontecimientos...

El combate ha empezado bien. La marionera del chaval ha atacado primero. Se ha acercado corriendo a Steffano y le ha lanzado el puño, que ha salido disparado desde la articulación del codo perfectamente sujeto con una cadena. Tras una serie de movimientos, Steffano se ha resbalado. La verdad es que analizando la situación, ha durado bastante tiempo firme, ya que al ser un desierto, la arena del suelo es algo inestable, por eso se hace tan cansado el caminar por ese tipo de parajes.

Y ese pequeño desliz le ha costado caro. La marioneta ha descargado el golpe con el hacha, cuyo filo se ha hundido en la pierna de Steffano, a la altura de la mitad del muslo. Pensándolo con la cabeza fría, no me extraña que Steffano se haya desmayado casi instantáneamente. El hacha ha dortado todo a su paso hasta que se ha clavado en el hueso.

Creo que en las situaciones tensas haces las cosas sin pensarlas. Porque lo más claro que recuerdo es a mí y a Cross, de nuevo en la posada, a Steffano pálido encima de la cama y sangre, mucha sangre. Por suerte hemos conseguido curarle. Hemos tenido que desinfectar, luego coser y más tarde vendar. Suerte que Steffano estaba inconsciente, sino cualquiera le hubiese aguantado.

Cuando hemos regresado a las puertas, Ryoma estaba ya luchando con el niño. Se ha vuelto invisible y ha atravesado a la marioneta. No se ha podido ver mucho, pero supongo que le habrá dado al chiquillo, porque ha limpiado la sangre de la espada. La marioneta se ha dado la vuelta hacia ellos y ha descargado el hacha. No tengo ni idea de lo que ha pasado, pero el niño se ha retirado del combate, herido. Cuando ha pasado al lado de nosotros tras saludar a Ryoma le he visto una buena herida en la zona de los riñones.

Creo que no era yo la única ansiosa por conocer al segundo oponente. Cuanto antes saliese, antes se celebraría el combate y antes acabaría todo aquello. Si queríamos detener la guerra, Ryoma tenía que vencer a su siguiente enemigo, fuese quien fuese. Pero es que no era un "quien", era un "que". El otro sultán ha hecho trampas, pues el segundo enemigo era una serpiente gigante. Si. Gigante. De las que pueden comerse a una persona de un mordisco. Yahsid se ha enzarzado en una lucha con el otro sultán mientras nosotros nos encargábamos de la serpiente. Por suerte hemos participado todos, así que no nos ha costado mucho.

¡La Espada del Pacto! Nos quedaban menos de 2 horas. Habíamos conseguido detener el ataque, pero en 2 horas no nos daba tiempo a regresar a los Salones de los Reyes y devolver la espada. Creo que lo nuestro es una racha de buena suerte que cuando desaparezca realmente tendremos miedo. Frente a nosotros, caído del cielo (literalmente) ha aparecido que en los cuentos se denomina Grifo. Las patas traseras y la cola de león, las garras delanteras, alas y cabeza, de águila. Todo un espectáculo. De casi 2 metros de altura erguido, seha sentado majestuosamente frente a nosotros. Y como si me hubiesen metido la cabeza dentro de una cacerola, he escuchado la voz del Faraón en mi cabeza. Le hemos dado la espada al Grifo, que ha salido volando y prácticamente lo ha hecho más rápido que una flecha lanzada con el mejor de los arcos.

El Sultán, muy amable él, ha preparado un banquete en su casa en nuestro honor, pues ha dicho que sino hubiese sido por nuestra ayuda, no habrían conseguido nada. Ha habido abundante comida para todos, Cross ha disfrutado de la compañía de algunas "señoritas" y Steffano ha podido asistir, eso si, con unas buenas muletas y la pierna entablillada para que no la fuerce, pues se le podrían abrir los puntos. Si todo marcha bien, con todo lo que le hemos aplicado y en el mejor de los casos, en aproximadamente un mes estará como nuevo.

Y todo eran risas, alegría y diversión hasta que lo he escuchado. Toc. Toc. Toc. Unos geta de madera golpeando el suelo. Y como si todo hubiese sido detenido en ese momento, el único sonido que llegaba a mis oídos era ese.

Se han abierto las puertas de la sala y allí estaba. Con el yukata perfectamente colocado, la coletaimpoluta y gesto de enfado. Shou Jin Lao. Mi maestro. Después de casi dos meses sin verle, me hubiese gustado encontrarme con él en otras condiciones. Sin cambiar de gesto se ha acercado hasta mí, se ha sentado a mi lado, y me ha echado la bronca. Y he tenido que aguantarlo porque tiene razón en todo lo que me ha dicho. Le he explicado lo que ocurrió en aquella cueva, con el arqueólogo, de lo que parece que hayan pasado mil años. Pero a pesar de ello, está enfadado, porque me ha dado la espada a regañadientes y casi estoy segura de que hubiese preferido dársela a otra persona. Le he decepcionado. Confió en mí para cumplir una misión sencillísima y fallé. Ni siquiera me merezco que me mire, pero aun así lo hace, y yo me siento mal. Una de las pocas personas que confían en mí y yo voy y le decepciono... No tengo remedio. Quizás en el fondo, no sirva para esto.

Supongo que me lo merezco. Además, Marian Cross (y consecuentemente Gatsu), se unen a nuestro grupo de viaje, aunque no por gusto, sino por obligación. Una noticia que me encanta, vamos... Y yo que pensaba que me iba a olvidar del pervertido y el tanque... pero se ve que no. Puede que la racha de buena suerte de la que hablaba hace un rato ya se haya esfumado. Y para colmo, la nueva misión es en Alberia. En la otra esquina del Viejo Continente. Y tendremos que hacer el camino a pie, a caballo y en barco.

Realmente creo que ha llegado mi racha de mala suerte. No tenía muchos ánimos para seguir allí después del remolino de información. Cross es el hermano de mi maestro! Por Dios, dónde ha llegado el mundo... sino se parecen en nada... per si Shou Jin Lao lo afirma, es porque es verdad....él no bromearía con algo así...

Llevo ya un buen rato escribiendo, han pasado demasiadas cosas en un día y estoy rendida. Se me cierran los párpados solos y noto calambres en la gran mayoría de los músculos. Tengo sueño.

This entry was posted on martes, 17 de marzo de 2009 at 6:56 and is filed under . You can follow any responses to this entry through the comments feed .

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