Salones de los Reyes, Estigia.
Hemos llegado. Y estoy agotada, pero aun así lo escribiré para que no se me olvide, porque mañana tendré más cosas que contar y se me acumularán, y acabaré por no escribir... y... Bah.
Después de tres interminables días atravesando el desierto, hemos llegado. El lugar es uno de los sitios que una vez lo has visto, no olvidarás nunca. Heruan se ha quedado a la entrada, pues considera delito que se pise la tierra sagrada donde descansan sus antepasados. Nos ha dado uno de los escarabajos y ya hemos entrado nosotros. El camino de arena estaba perfectamente escoltado por las grandes estatuas en honor a los antigüos faraones. Al fondo, entre las incontables pirámides, enormes cascadas de arena cayendo entre ellas desembocaban en pequeños fosos naturales.
Hemos entrado en la piramide del faraón. La primera parte de la pirámide estaba iluminada con antorchas en las paredes. Las posibles trampas estaban perfectamente señalizadas, hasta que nos hemos topado con un portalón cerrándonos el paso. Hemos estado debatiendo un rato como abrirlo, hasta que Ryoma ha decidido atravesarla de esa manera tan extraña, como si fuese un fantasma. Admito que a pesar de haberle visto hacerlo varias veces,sigo sorprendiéndome. El caso es que no tengo ni idea de lo que ha hecho, pero ha conseguido abrirla. Poco a poco se muestra cada vez más receptivo, y eso admito que me alegra, pues ya no parece el chico frío y callado que conocí hace casi 2 meses en Ning Shi.
Hemos tenido que coger algunas antorchas de la pared, porque ese pasillo estaba a oscuras. Y entonces ha pasado algo que nos ha dejado a todos un poco trastocados. Kaiser, el chaval que dice venir de parte de Shou Jin Lao, ha sacado una llama de la nada y la ha dejado sobre su cabeza. He vuelvo a ver el brillo morado, igual que el que vi cuando explotó el cojín hace varios días en la ciudad.
Hemos saltado un par de trampas obvias y hemos llegado a una sala pequeña, con un altar en el centro, sujeto por 4 pilares, con un libro viejo encima. Después de la correspondiente discusión, ha sido Ryoma quien lo ha cogido, sin que pasase nada. Y todos empeñados en que eso se derrumbaría. Paletos... ¬¬... Marian lo ha cogido y se ha puesto a leerlo mientras seguíamos adentrándonos en la pirámide. La siguiente sala que hemos encontrado estaba lena de pinturas en la pared, que contaban algo que no he entendido, ya que no soy capaz de entender ese idioma. Todo dibujitos de ojos, de hombres en posiciones raras, de pájaros.. Uf. Rarísimo. Pero parece ser que Cross si que lo entiende, porque después de estar un rato leyéndolo ha mirado las paredes, ha tocado algo que, sinceramente, si me piden que toque yo, no sabría porque no me he fijado bien, y toda la sala ha empezado a temblar.
Por las grietas del techo ha caído un poco de arenilla mientras el suelo se ha abierto en una especie de escalera de caracol que descendía. Qué miedo, pensaba que todo aquello se iba a derrumbar e iba a morir ahí, aplastada, sin que nadie lo supiese...
Una escalera de piedra llena de arena nos ha llevado a una sala con varios sarcófagos. Admito que entonces me ha recorrido un escalofrío rarísimo por la espalda, ya que, al fin y al cabo, estábamos en una tumba. Había 12 sarcófagos, y tras esperar pacientemente a que Cross leyese el libro, hemos abierto el sarcófago que ha señalado. He conseguido aguantar de milagro las arcadas al ver una momia completamente negra, que entre sus manos sostenía el objeto que estábamos buscando: una daga de grandes dimensiones, con un grabado en la propia hoja que seguramente debía ser el pacto del que el Sultán nos habló en su casa.
Íbamos a salir cuando la momia ha empezado a moverse, y de manera inexplicable han empezado a salir de la nada cientas de tiras de piel que han ido cubriendo el cuerpo de la cosa esa. Además, el resto de sarcófagos han empezado a temblar, así que como reacción lógica les he echado el primer pedrusco que he pillado encima. Cuando he vuelto a mirar al primer sarcófago, una señorita vestida con el tradicional traje ceremonial estigio: una corona parecida a la de una esfinge y el traje lleno de joyas doradas. Ha sonreído de una manera que podría calificar de sádica, y los sarcófagos de alrededor se han ido abriendo, saliendo de ellos sus "ocupantes". Después de eso ha sido todo muy borroso y deprisa, porque Cross y Gatsu han desaparecido, Kaiser no tengo ni idea de donde estaba, Ryoma tan pronto le ves como no le ves, y nos hemos quedado Steffano y yo en medio de una sala llena de momias que nos querían matar. El caso es que Gatsu ha aparecido de la nada y del golpe que le ha asestado a la mujer, la ha dividido en dos y se ha derrumbado. Se ha ido convirtiendo en arena y al poco ha desaparecido. El resto de momias lo han hecho lo mismo. Hemos contando que estuviésemos todos y que nadie estuviese herido. Solo Steffano llevaba un par de cortes en el pecho, que le quedan bastante graciosos, porque forman una X justo en el centro se su pecho y se abren hacia los hombros. Tras eso... debo haberme dado algún golpe en la cabeza, o quizás me lo ha dado Steffano, porque lo más nítido que recuerdo es que tras ese pequeño lapsus he estado a punto de rebentarle la cara a puñetazos. Además, en ese poco tiempo todos han desaparecido. Por suerte Ryoma me ha avisado por donde seguir, así que nos hemos vuelto areunir todos en el pasillo, frente a una puerta que ocupaba todo el alto y ancho del sitio. Criss (o lo que supongo que es él, ya que únicamente puedo ver un escudo que hay a su alrededor, que ha aparecido hace rato, sin saber de donde) ha abierto la puerta.
El susto nos lo hemos llevado, porque nada más abrirse, hemos visto al Faraón sentado sobre su trono. Y es que, a pesar de ser un hombre que llevará muerto como unos mil años, mira tú por donde, que se conserva perfectamente cerca de los 30. Sino fuese porque acabábamos de ver desaparecer en arena a cerca de 12 momias que se habían levantado de sus tumbas, diría que ese hombre estaba vivo. Tiene la piel morena, más incluso que Heruan, y el cabello del mismo color que Yahsid, el Sultán. Los ojos incluso tienen un brillo "vivo".
¡¡Habla!! Después de una conversación que me ha parecido larguísima lo hemos convencido de que nos permitiese sacar la espada de la tumba, aunque se ha resistido lo suyo. Y eso que lo hemos convencido solo entre Ryoma y yo, ya que el resto estaba entretenido en coger parte del tesoro del Faraón, muy entusiasmados... Avariciosos!! ¬¬!!
Tengo la sensación de que se me olvidan las cosas, como ya he comentado hace un rato, porquecuando intento recordar lo que ha pasado después de hablar con el Faraón, me da dolor de cabeza y no recuerdo nada. Estoy empezando a preocuparme... Quizás debería buscar a algún médico para que me echase un ojo, supongo que me quitaría la preocupación que me corroe.
En fin, que me desvío. Después de encontrarme misteriosamente en la puerta de la tumba junto a Heruan (admito que no me lo esperaba tan cerca, mirándole fijamente con sus ojos verdes fijos en los míos), ha dicho algo así como que teníamos 10 horas para devolver la daga a su lugar o que "sufriríamos las consecuencias". Siendo un hombre que trasmil años puede caminar, hablar u odiar, esa amenaza me da miedo, y agradecería la mayor rapidez con tal de evitar el desastre.
No he podido evitar sentirme nostálgica al ver venir hacia nosotros una alfombra encantada. Si, como las que se escuchaban en los cuentos sobre aquel ladrón kushistaní... como se llama... ah, si, Aladdin. Mehe acordado cuando siendo pequeñitas, mamá nos contaba a Rerea y a mí las historias que circulaban sobre la gente especial. Una de esas personas era Aladdin. Según mamá, era un ladronzuelo que había acabado siendo un príncipe. Todo porque jabía encontrado una lámpara mágica donde habitaba un Djinn, uno de esos genios que conceden deseos a quien frote la lámpara. Recuerdo que mamá decía que Aladdin había encontrado una alfombra mágica que volaba, y le había ayudado en incontables ocasiones. Así que mientras atravesábamos el enorme desierto, recordando momentos felices de mi vida, me he sentido como el príncipe de los ladrones. Como si de repente me hubiese convertido en otro personaje que formase parte de la leyenda del ladrón kushistaní. Y entonces me he sentido triste, porque me hubiese gustado compartir este momento con Rerea. Por eso en parte estoy escribiendo esto, porque cuando en el día de mañana encuentre a Rerea, le daré este libro para que lo lea, para que sepa lo mucho que la echo de menos, lo mucho que me acuerdo de ella. Si escribo aquí tantas cosas, tantos detalles, tantos recuerdos y pensamientos, es porque cuando alguien lea estas lineas, sea capaz de sentir todo lo que yo sentí en el momento exacto en que ocurría.
La alfombra que nos transporta es lo suficientemente cómoda como para que quepamos todos los presentes. Cuando se ha acercado ha formado una graciosa escalera para que subiésemos. Me he sentado en la parte delantera, junto a Heruan, y mientras esta maravilla de vehículo atraviesa el aire cortándolo, hemos visto al Sol esconderse tímidamente tras las dunas mientras su hermana la Luna ha salido para mostrarnos el camino que seguimos.
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on martes, 17 de marzo de 2009
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Historia
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