15 de Agosto de 989

Posted by Melissa D'Aubigne in

Hibaun, Estigia.

Por fin. Por fin me he bajado de ese barco. Por fin vuelvo a tener los pies sobre tierra firme, y la verdad es que es un alivio. Aunque no lo es el lugar, ni la gran mayoría de la compañía, para qué mentir.

Después de llegar a la ciudad, tal y como decía la carta de Shou Jin Lao, buscamos a Marian Cross. Lo primero que se nos ha ocurrido ha sido mirar en una posada, en la que si lo sé no llego a entrar, porque al preguntar por él el dueño me ha dicho que haía dejado una nota diciendo que yo iba a pagar su deuda, nada menos de 800 Escudos de Oro. No sé ni como lo he hecho para salir de allí sin que los guardias me cogiesen, pero el caso es que lo he conseguido. Me heperdido un poco, pues una ciudad desconocida y llena de gente ayuda bastante. El caso es que tenía la sensación de que estaban siguiéndome, pero siempre que mi alrededor no veía nada sospechoso.

Estaba intentando situarme cuando un par de personas han murmurado algo acerca de un señor extranjero muy derrochador. Las palabras "extranjero" y "derrochador" son las que me han hecho acercarme allí, pues si Marian Cross es pelirrojo y en una posada estaba endeudado por 800 Escudos Dorados, no me extrañaría que fuese él. El caso es que, efectivamente, allí estaba el señor Marian Cross: pelirrojo, cabello largo, traje, media máscara. Su guardaespaldas tras él, alto, moreno, con un espadón a la espalda. Y unas veinte chicas alrededor del primer individuo. Un pervertido, vamos. Supongo que el ver la escena desde otros ojos hubiese sido divertido, pues a Cross le he levantado del cuello de la camisa, pero su guardaespaldas me ha levantado a mí, aunque eso no me ha intimidado lo más mínimo.
Después de una curiosa conversación sobre lo que quiera que le tuviese que dar ese pervertido a mi maestro, la hemos dado por concluída cuando a nuestro lado ha explotado un sillón. Todo el mundo se ha alejado histérico. Antes de salir de allí (casi por obligación), he visto un brillo ligeramente morado alrededor del cojín. De esos que solo pocos podemos ver...

Durante el camino de regreso a la posada he tenido de nuevo esa sensación, como si me siguiesen, y llevo con ella desde que llegué a la ciudad. Hemos entrado a la posada, y tras alquilar la habitación para esa noche, hemos pasado todos a una sala de reuniones. Perfecto. Allí, Cross y Gatsu (el guardaespaldas), nos han comentado con más detalles una misión por la que estaban allí: Al parecer, hace nosecuantos años, Ramsés, uno de los Faraones más importantes de Estigia, mandó forjar una espada en cuyos grabados estaba la primera de que los dos pueblos que vivían en el principado nunca entrarían en guerra. Esa promesa se ha mantenido siempre intacta, pero al parecer algún loco del Sur del principado ha dudado de la verosimilitud de esa espada, y está a punto de declararse una guerra. Según Cross, tenemos que viajar a través del desierto hasta los Salones de los Reyes, para traer la espada como prueba de la primera que hace tantos años se grabó en ella. He dicho "tenemos" porque él tiene algo que entregarle a Shou Jin Lao, únicamente a él, y no pienso dejar que se escape, así que, yo al menos, le voy a acompañar. No puedo volver a fallarle a mi maestro.

Genial. Me hacen chuparme una semana y media de viaje (un viaje horrible, debo puntualizar) en barco para hacerme atravesar un desierto y profanar una tumba. Lo que no me pase a mí, vamos... No es que no quiera ayudar, pero debo admitir que eso de abrir una tumba para coger algo de dentro no tiendo a hacerlo todos los días, y precisamente los estigios son muy suyos con sus cosas y sus tumbas, así que no me hace mucha gracia tener que entrar en la tumba de un Faraón con la tira de años muerto.

Que me desvío. El caso es que cuando estábamos hablando de eso ha entrado el camarero, y cuando le he pedido que se marchase, ¡resulta que le manda Shou Jin Lao! Esto ya es increíble, sino tenía ya suficiente con tener que aguantar a Steffano y al pervertido de Cross (Ryoma y Gatsu aun no han demostrado signos como para ser el blanco de mi ira...-.-), ahora se nos acopla otro. Un tipo extranjero (un daevar, como el arqueólogo al que como vuelva a encontrarme, estrangularé), que se llama Kaiser Strauss. No sé de qué me sorprendo, si después de tantos años junto a mi maestro ya debería haberme acostumbrado.

Le hemos puesto al corriente de la misión, y hemos quedado en que mañana iremos a la casa del Sultán, para hablar con él directamente y que nos dé la mayor cantidad de detalles posible. Ojalá el viaje por el desierto no sea demasiado insoportable.

This entry was posted on martes, 17 de marzo de 2009 at 6:51 and is filed under . You can follow any responses to this entry through the comments feed .

0 comentarios

Publicar un comentario