Adan. Isla de Tol Rauko
¡¡Por fin!! ¡Tierra firme bajo mis pies! ¡Milagro!
Esta mañana cuando hemos salido a cubierta, el vigía ha divisado Tol Rauko. Hemos desembarcado en puerto en menos de un par de horas. No he podido evitar quedarme quieta durante un par de minutos. Después de tanto tiempo... habían cambiado muchas cosas, pero a la vez tan pocas...
He decidido dar un pequeño paseo por la ciudad, y he recordado tantísimas cosas que creía olvidadas... El día que Rerea y yo jugábamos al escondite y se perdió porque se metió en una caja que luego movieron de sitio... No creo que me vaya a olvidar de aquello nunca, estuve horas y horas buscándola, y cuando la encontré me eché a llorar y la abracé. Estaba muy asustaa. Creía que por mi culpa se había perdido. Creo que fue dede ese día cuando decidí que la protegería a toda costa.
Cuando mehe dado cuenta, estaba en la puerta de la fortaleza. Había dos muchachos con alabardas en la puerta, custodiándola. Ni siquiera yo sabía qué estaba haciendo allí. ¿A qué se suponía que había ido? Supongo que la necesidad de ver, de demostrarle a Alphonse D'Aubigne que no me había rendido, que era una persona fuerte, y que no necesitaba su ayuda para sobrevivir, que sabía cuidarme sola. He tenido que esperar a que uno de los muchachos fuese a comprobar que era quien le he dicho que soy, porque sino podría esperar allí horas, que no me dejarían entrar.
La sorpresa me la he llevado cuando me han dicho que mi padre no estaba. Me he sentido... "aliviada".... "decepcionada"... No lo sé. Supongo que aliviada porque en realidad no me sentía lo suficientemente preparada para plantarle cara. Decepcionada porque no iba a poder demostrarle lo fuerte que me había vuelto mientras él cuidaba de todos los demás excepto de mí. Al in y al cabo, no sé por qué me he sorprendido tanto, si en el fondo estaba acostumbrada a verle poco. Cuando éramos pequeñas, los únicos recuerdos familiares que tenemos son con mi madre, él siempre estaba ocupado con sus misiones, sus papeles... Siempre se ha dedicado por entero a su trabajo. Ni familia, ni amigos, ni vacaciones... nada. Quizás por eso le odié tanto cuando me separó de lo único que me hacía sonreir todos los días. Quizás por eso no le tengo el suficiente respeto como para llamarle padre. Si hay alguien a quien tenga que agradecerle todo lo que sé es a Shou Jin Lao. Pero estoy segura de que llegará el día en el que tenga que ver a Alphonse 'Aubigne y que no me reconocerá, porque me habré esforzado tanto que no volverá a verme débil. Nunca más.
Rhoderick si estaba allí. Habían pasado más de 12 años y la expectación de ver como había cambiado me estaba carcomiendo. Sin embargo, cuando he entrado a su despacho no he evitado esbozar una sonrisa. Seguía igual que siempre, con su sonrisa alegre y sus ojos cerrados, escondido tras enormes montañas de papeles que había sobre su mesa. Tras la correspondiente charla de "como estás" y "cuando tiempo sin verte", me ha explicado donde estaba Alphonse.
Partió hace 4 días hacia Shivat. Es decir, que de camino nos cruzamos y ni nos dimos cuenta. Según me ha contado Rhoderick, iba a recogerme para luego recoger a Rerea y a mi madre. Había encontrado una isla perdida en a saber donde, y tenía pensado trasladarnos allí. Al principio la idea me ha parecido un tanto subrealista. ¿Volver a vivir juntos como una familia feliz? JA!! Después me he parado a pensar. Estaba claro que lo que quería era mantenernos a las 3 en el mismo lugar, y así no tener que desquiciarse la cabeza pensando qué podíamos estar haciendo. Mala suerte para él. A mí no iba a poder encerrarme en una isla. Me he despedido de Rhoderick y he regresado al pueblo. Había bastante barullo en la posada, así que me he acercado a curiosear.
Concurso de pulsos. Al parecer seguían celebrándose. La dinámica es sencilla: se sientan los dos contrincantes en la mesa, y el que antes lleve la mano del contrario contra la tabla, es el vencedor. Para darle más vida al asunto, los contendientes hacen apuestas. Había un hombe enorme sentado en la mesa, y al acercarme he visto a Steffano y a Ryoma sentados en una de las mesas. Pra cuando he llegado a la mesa del concurso, el tipo enorme estaba partiendo estrepitosamente la muñeca de su oponente. Me he sentado frente a él y he puesto 10 Escudos de Plata sobre el tablero. El tipo, convencido, me ha mirado y ha sonreído. Seguramente habrá pensando algo del estilo "Bah, una cría, a esta la despacho enseguida", solo por la mirada de superioridad con la que me ha mirado mientras nos colocábamos. Pero ha tenido que quedarse de piedra cuando en el primer movimiento ya le he vencido, pero creo que me he pasado un poco, principalmente porque sus huesos han emitido un sonoro "crack", y el tipo se ha marchado de allí maldiciéndome y gimoteando. He cogido mis 10 Escudos y cuando me iba a levantar el herrero se ha sentado enfrente de mí y ha sonreído, poniendo 5 Escudos de Oro sobre la mesa. Por suerte yo también tenía suficiente, así que hemos hecho la apuesta. Ese pulso ha sido más difícil. Teníamos a bastante genre alrededor, y he escuchado un comentario sobre mi valentía de parte de Steffano que no me ha gustado nada. El herrero se ha colocado. Solo el sujetarnos las manos en la posición inicial me ha indicado que no iba a ser fácil ganarle. En el primer movimiento nos hemos contrarrestado el uno al otro, así que no nos hemos movido ni un centímetro. Todos los que estaban a nuestro alrededor nos miraban conteniendo el aire, ansiosos por conocer el resultado final de un duelo de titanes. Al final, he decidido ponerme seria y he ganado. Él ha sonreído y me ha dicho que cogiese mis Escudos, que eran míos, y que me las merecía. (Por fin alguien que lo reconoce!)
He guardado 3 de las 5 monedas y con las otras 2 me he acercado a Steffano. Ha tenido la suerte de que ocurriese un milagro y Axel apareciese oportunamente, porque sino habría acabado por hacerle tragar las 2 monedas por subestimarme, y probablemente después le hubiese abierto en canal para recuperarlas con mis propias manos. La próxima vez no tendrá tanta suerte.
Hemos regresado al barco para dormir allí. Ya se habían hecho las compras necesarias, mañana volveremos al mar (qué ilusión... ¬¬). Creo que Steffano se ha quedado en el barco y Ryoma me ha parecido verle trepar por el mástil hacia arriba. Axel y yo nos hemos encerrado en nuestro respectivo camarote.
Es tarde y mañana comenzamos otro magnífico viaje en barco, hasta que lleguemos a Kuan. Me voy a dormir.
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on martes, 17 de marzo de 2009
at 6:41
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Historia
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