14 de Septiembre de 989

Posted by Melissa D'Aubigne in

La cárcel, Alberia.

Tengo sueño. Hoy ha sido un día agotador, y también divertido. Como tendremos que esperar aun un par de días para poder trasladar al desgraciado, hemos dado un paseo por el pueblo. Cross y Gatsu han desaparecido por su lado, Ryoma y Kaiser también, y Heruan, Steffano y yo nos hemos quedado juntos. Por curiosidad hemos mirado el panel de anuncios de la plaza central, y había un aviso sumamente hipermega importante (textual del papelito, que aun lo conservo) que requería a tres personas. Allí que hemos ido, y nos hemos encontrado con un chiquillo a punto de llorar. Subrealista. Resulta que forma parte del equipo de Eden del pueblo, y tenían esta tarde una final y tres de sus compañeros habían sufrido “un pequeño accidente”. El anuncio era para solicitar los tres nuevos jugadores. Nos han dado un uniforme a cada uno, una camisa ancha y unos pantalones cortos, junto con unas botas. Uff. Al quitarme las mías con las planchas metálicas en la suela me he sentido casi volar. Creo que podría correr aun más rápido ahora. El chiquillo (del que por cierto, ni sé su nombre) nos ha explicado el funcionamiento del juego: El campo es una pista ovalada, en cada lado hay tres aros metálicos, y el objetivo principal es atravesar los aros con el balón para marcar gol. Los equipos están formados por el portero, los defensas y el central. La única regla que hay en este juego es que está prohibido matar al contrincante, y todo lo demás está permitido con tal de anotar gol. Heruan ha escogido el centro, y Steffano y yo nos hemos quedado defendiendo. Solo hemos tenido un par de horas para practicar, pero ha sido sumamente divertido, el capitán del equipo era bastante simpático, ¡y había más chicas! Qué feliz soy. Por una vez no era la única chica en el grupo.

El partido ha sido por la tarde. Pensaba que era más largo. Dos tiempos de cinco minutos. Luego he comprobado por qué. Los del otro equipo superaban en complexión a casi todos los del nuestro. Eran de fuerza bruta, así que siempre han intentado machacar al que llevaba el balón. Por suerte Steffano y yo estamos más que acostumbrados a ese tipo de ataques, y no hemos tenido problemas en esquivarles. Heruan por su lado ha sido el encargado de marcar la gran mayoría de los goles del partido. Finalmente hemos quedado 13-15, a nuestro favor. El premio eran doscientos Escudos de Oro, y a partesiguales tocábamos a treinta por cabeza. Heruan y yo no lo queríamos para nada, así que se lo hemos dado a ellos, por si lo necesitaban para algo.

Regresando los tres hacia la cárcel hemos encontrado a Kaiser y Ryoma. Al parecer Gatsu y Cross habían tenido un “pequeño percance” con la guardia de la zona. Podrían estar en los calabozos, pero allí hemos mirado y nada. La otra opción era la Iglesia (¿Por qué? No sé), pero allí han ido Steffano y Kaiser. Ryoma, Heruan y yo íbamos hacia allí cuando regresaban. Steffano iba muy pálido, no sé que habrá pasado ahí dentro, pero no ha dejado de murmurar durante todo el camino algo de una persona muy poderosa. Kaiser me ha dicho que tampoco sabe quien es, pero que tiene un aura inmensa, oscura, corrompida. Cuando lo ha descrito no he podido evitar estremecerme. Ha sido como las nubes que anuncian la pronta tormenta. De regreso nos hemos encontrado con nuestros dos buscados, que se han escaqueado diciendo que tenían cosas importantes que hacer. En fin, nosotros hemos regresado a la cárcel, y el problema ha venido después, cuando han aparecido, si, pero acompañados por una niña. Se llama Tilel, y según Gatsu y Cross, estaba en la calle y la han salvado de unos cuantos pervertidos. ¡Pero si debe tener 4 ó 5 años! Eso si, es una niña preciosa. Es bajita, apenas me llega por el muslo, tiene el cabello rubio, recogido en dos coletas con unos coleteros enormes, rojos, como plataformas. Tiene los ojos verdes, y parece que en cualquier momento se le vayan a salir de las órbitas.

Solo espero por su bien y por el del propio Gatsu, que ha sido quien la ha recogido y con quien tiende a estar, que no dé problemas a la hora de la verdad. Porque entonces se las verán conmigo.

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